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Historias Inflamables

14/05/2008 GMT 1

Relatillo: lluvia y sin plomo ni clavel

inespiral1984@gmail.com @ 18:24

Por fin, por fin, por fin!!! Una tarde en casa! Un cúmulo de catastróficas alegrías converge en mi salón. Llueve a mares, hay ropa tendida, mi perro me mira con una irresistible cara de sácame de aquí. La cadena de la bici se oxida. ¿Dónde están las llaves?  El jodido teléfono suena cada media hora. Hace un rato iba a Utebo y casi me quedo tirada en la Avenida Valencia. Colecciono multas. Echo diez euros de sin plomo ´95 y cuando me acerco a pagar ninguna de las tarjetas funciona. Los cajeros se han apagado acaso por la tormenta. O tal vez porque Telefónica pasó una factura desorbitada.  En la gasolinera hay cámaras y un “manager” hostil que no confía en sus clientes y que tiene pactos con la policía.  El dependiente me dice que puedo pasar mañana a pagar, pero que un momento, que tiene que comentárselo al encargado. El encargado al que nunca llego a ver la cara dice que no, que de eso nada, que deje el coche aparcado y pase a buscarlo cuando consiga algo, que ya les han timado varias veces. No se lo que hace el manager en la trastienda. El dependiente está apurado, no sabes lo mal que me sabe esto, que putada, que mala conciencia. Aparca aquí, pasa más tarde que lo apañamos. Luego me dice que no le malentienda, y yo en ningún momento le había malentendido. Aparco el coche maldito. Mis pies vuelven sobre sus pasos. Hacia casa. Me quedo parada en una acera. ¿Qué dirección? ¿Qué hacer? Aparece un amigo y hablamos de lo maravillosas que son las bicicletas. Entonces suena el teléfono en mi bolso. Estoy por no cogerlo, pero “¿Sí? ¿Diga?” Eres la dueña del coche, ven a buscarlo. En el coche hay un cartel inmenso donde pone se vende: y mi número. El dependiente es la primera persona que llama preguntándome que si soy la dueña del coche. Me espera en un rincón, me deja 10 euros, haz como que pagas. Entro en la tienda. Y ahora un poco de ficción, recuerdo que mentir entre dos es sencillo, ya está, ¡ah! aquí tienes los tres céntimos. No, tranquila, no hace falta, bueno, toma tu ticket. ¿Lotería? No, no, gracias. Muchas gracias. Salgo antes de que morir de la risa. Y cae del cielo una cortina de agua, el parabrisas se agita. Llego tarde, vuelvo a casa. ¿Y luego? Luego ya veremos.

 

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