Zacatecas de tierra roja
Zacatecas. Territorio de minas de plata, oro, estaño. Primer espacio de explotación mundial Ya en el S.IX los pueblos prehispánicos arrancaban metales preciosos a la tierra madre, con la conquista española la ambición trajo la muerte de millones de indígenas que quedaron a 400 metros de profundidad o murieron de silicosis en busca de una veta. La riqueza trajo muerte, pero también belleza. Los colores lechados y pardos de las mansiones coloniales, las calzadas filosas, las plazas ajardinadas que salpican la traza colonial de Zacatecas, los mercados, chaflanes, fuentes, barandillas.Para llegar a esta ciudad, a ocho horas al noroeste del Distrito Federal, hay que atravesar el paisaje árido, de postal, donde conviven culebras, ratoncillos y nopales. Una carretera extensa, lineal, surcada de pantano s que necesitan manutención y la línea de autobuses chihuhuense tiene viajes regulares. En abril se celebra el festival cultural de la ciudad. Este año, en su XXIII edición, del 4 al 18 de abril. Este festival es el segundo mas popular en el mundo de las artes, tras el festival cervantino de Guanajuato. Teatro, hosteles, plazas, antros de la ciudad abren sus puertas a miles de viajeros nacionales e internacionales. “ No quedan habitaciones”, “No hay sitio”, “Todo está lleno”, “Espera a las 12,00” son las respuestas habituales. Uno de los lugares más amables y sin duda más baratos es la posada Villa Colonial, Que en pleno centro, entre la calle Primero de Mayo y Moro Prieto, ofrece buenas camas por 90 pesos ( 6 euros aprox) La calle bulle. El tepache (fermentado de piña), la cerveza, el tekila, las frutas con chile corren. También se venden ensaladas sobre tocino, tacos, tamales (masa de maiz), enchiladas, tortas, papas con mucha salsa, raspaditos y nevadas (helados), dulces de leche con galleta y de semana santa. Y es que, el mercado abigarrado, que fue la seña cultural de los pueblos prehispánicos no puede faltar.


Es imposible llegar a todo, pero se recomienda patear las plazas donde se representa un teatro callejero de vanguardia y entrar al teatro Calderon o a la ciudadela del Arte, pasear los conventos y galerías ocupadas por videoinstalaciones, esculturas, grafitos sobre lienzo, como la muestra Ars Latina del S.XXI, acudir al parque Estrada, donde bajo un acueducto y sobre un lago artificial los músicos de ayer y de hoy hacen bailar a un publico diverso. En las calles bandas esporádicas tocan la guitarra eléctrica, o los tambores y darbukas de ritmos africanos. En las bibliotecas y otras plazas hay presentaciones de libros y los apasionados por la lectura pueden encontrar ejemplares de segunda mano a buen precio.

Los niños disfrutan de payasos, los iniciados de talleres de grabado, la danza flamenca y la guitarra acústica están presentes. Los tianguis, la contracultura como la del mercado defeño del Chopo, también. Casi todo es gratis, internacional, muy variado. Este año en la plaza de armas, tras la catedral, tocan artistas de la talla de Gilberto Gil, el jazzista cubano Arturo Sandoval, el rockero Roger Hodgson, el frances Jean Luc Ponty, Jaguares o Fito Paez. Uno no puede perderse el museo colección permanente de Pedro Coronel, escultor y pintor, que recorrió el mundo entero en busca de inspiración, pasión y obra. Su colección, abierta al público en 1985, recoge muestras de Visnu a los danzantes guineanos, las mujeres de Sierra Leona, y al arte chino de la dinastía Ming. De Braque, Goya ( tauromaquia), Picasso a los paños mojados del helenismo, y los grabados de Piranessi y Hogard, de las máscaras de carnaval a las de las danzas de los coras, pueblo indígena mexicano que aún hoy conserva su identidad y sus rituales catárquicos. Sin duda un canto a la búsqueda y la grandeza creativa de las geografías…sin jerarquias colonialistas. Y por la noche la fiesta sigue hasta las cuatro y cinco de la mañana, en antros como “El huracán”, cantinas o discotecas como “Club la mina el Eden”, precisamente en el interior de la mayor explotación zapotecana de plata. Si uno quiere tomar un respiro puede viajar al yacimiento “La Quemada”, ciudad prehispánica de sacerdotes, comerciantes, maestros y guerreros que conectaba el norte navajo con la mesoamerica Teotihuacana, El bajío y las culturas de occidente. Allá, en la Quemada, a 3.000 metros de altitud, el viento sopla y la pradera seca se tuerce en el horizonte

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Inés cuida con esa vaina eh, no le des la mano a nadie ni andes por ahí besando a nadie. Que yo anoche bromeaba con lo del dengue hemorrágico pero no es broma chamaquita
Marta | 25-04-2009 - 13:08:17 GMT 1 #